Sexualidad sin filtros: todo lo que he aprendido escuchando a miles de personas

Durante muchos años he hablado de sexualidad con cientos, quizá miles de personas. Algunas llegaron buscando mejorar su vida en pareja, otras porque habían perdido el deseo, otras porque nunca habían sentido un orgasmo y muchas simplemente porque necesitaban un lugar donde hablar sin sentirse juzgadas.

Después de todas esas conversaciones he llegado a una conclusión que puede sorprenderte: la mayoría de las personas no tienen un problema sexual, tienen un problema de educación sexual.

Nos enseñan matemáticas, idiomas o historia, pero casi nadie nos enseña a conocer nuestro cuerpo, a expresar lo que sentimos o a vivir nuestra sexualidad con naturalidad. Crecemos pensando que el sexo es algo que hay que hacer bien, como si alguien estuviera evaluándonos constantemente.

Y créeme, no funciona así.

Es algo que veo cada día

Tanto en mis sesiones presenciales como de coaching sexual online, muchas personas empiezan diciéndome: «Creo que tengo un problema». Entonces les hago una pregunta muy sencilla: ¿quién te hizo creer que eso es un problema?

Casi siempre se quedan pensando. Nadie se lo había preguntado antes.

He conocido hombres preocupados porque creen que deberían mantener una erección perfecta, mujeres que sienten que siempre deberían llegar al orgasmo y parejas convencidas de que su relación está mal porque ya no tienen el mismo deseo que hace años.

Muchas veces no hay un problema sexual. Lo que hay son expectativas irreales y demasiadas comparaciones.

Mi objetivo nunca ha sido que tengas más sexo

Sé que puede sonar raro viniendo de una Sex Coach, pero nunca he querido enseñarte a tener más relaciones sexuales. Lo que realmente me importa es que las vivas mejor.

Para mí una buena vida sexual no depende de la cantidad, sino de la libertad para decir lo que quieres, poner límites, disfrutar sin culpa y sentirte bien con tu cuerpo.

Cuando consigues eso, todo empieza a cambiar.

El deseo cambia y eso también es normal

Escucho muchas veces la frase: «Antes tenía mucho más deseo». Y siempre respondo lo mismo: es normal.

Nosotros cambiamos, nuestro cuerpo cambia, cambian nuestras prioridades y también cambia nuestra forma de vivir el placer. No podemos esperar que el deseo sea exactamente igual durante toda la vida.

Aceptar esos cambios no significa renunciar al placer, sino descubrir nuevas maneras de disfrutar.

Lo que realmente hace especial a una persona

Después de tantos años puedo decir que las personas que más recuerdo nunca fueron las que presumían de saber más.

Fueron las que escuchaban, preguntaban, respetaban y se interesaban de verdad por la persona que tenían delante.

Siempre he pensado que el sexo es un encuentro, no una competición.

La educación sexual importa mucho más que la pornografía

Mucha gente espera que diga que la pornografía es el gran problema. Yo no lo veo así.

El problema aparece cuando la pornografía se convierte en la única forma de aprender sobre sexo. La realidad es mucho más sencilla, mucho más imperfecta y también mucho más bonita.

Las personas dudan, se ríen, hablan, cambian de opinión, necesitan tiempo y aprenden juntas. Eso también forma parte de una sexualidad sana.

Lo que más me gusta de mi trabajo

Hay un momento que sigue emocionándome después de tantos años trabajando como Sex Coach. Es cuando alguien deja de sentirse roto.

Cuando una persona entiende que no tiene que parecerse a nadie, que puede vivir su sexualidad a su manera y dejar de compararse con los demás.

No pretendo decirte cómo debes vivir tu sexualidad. Mi trabajo consiste en acompañarte para que descubras qué funciona para ti, sin miedo, sin culpa y con mucha más libertad.

Porque si algo he aprendido en todos estos años es que la sexualidad empieza mucho antes de quitarnos la ropa. Empieza en cómo nos miramos, en cómo nos hablamos y en el permiso que nos damos para disfrutar siendo nosotros mismos.

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