Naturalicemos el nudismo en playas, ríos y lagos: estar desnudos no significa buscar sexo.

Naturalicemos el nudismo en playas, ríos y lagos: estar desnudos no significa buscar sexo

Lo digo muchas veces, pero todavía hace falta seguir diciéndolo: estar desnudos no significa buscar sexo.

El nudismo y el naturismo deberían poder practicarse con normalidad en playas, ríos, lagos y otros espacios naturales. No como algo escondido, vergonzoso o reservado para cuatro personas, sino como una forma más de disfrutar del cuerpo, del agua, del sol y de la naturaleza.

No estoy diciendo que todo el mundo tenga que desnudarse. Cada persona debe hacer lo que quiera con su cuerpo. Lo que defiendo es que quienes queremos bañarnos o tomar el sol sin ropa podamos hacerlo sin que nuestra desnudez se convierta automáticamente en algo sexual.

Porque una cosa es estar desnudos y otra muy distinta es buscar sexo.

Un cuerpo desnudo no es una invitación

Ayer hablaba con dos amigos gays sobre la zona naturista de Cullera y me sorprendió comprobar que también se sienten incómodos. Me decían que en algunos lugares ya no encuentran un ambiente naturista, sino uno cargado de miradas, rondas e insinuaciones.

Personas que observan demasiado, se acercan una y otra vez o interpretan cualquier cuerpo desnudo como una invitación sexual.

En una palabra: falta de respeto.

Y pensé: mira, ahora entendéis un poco lo que muchas mujeres llevamos años sintiendo.

Una mujer puede estar desnuda y no querer que la miren sexualmente.

Un hombre gay puede estar desnudo sin buscar sexo.

Una pareja abierta puede pasar el día en una playa naturista sin querer tener relaciones sexuales con nadie.

Una persona bisexual, swinger o muy sexual también puede querer disfrutar de un espacio donde no todo gire en torno al sexo.

La orientación sexual, el tipo de pareja o la desnudez no sustituye al consentimiento.

Naturalizar el nudismo no es sexualizarlo

Trabajo con la sexualidad y defiendo que debemos hablar de ella con mayor libertad.

Creo que hay que naturalizar el deseo, el placer, las fantasías, las relaciones abiertas, la bisexualidad y todas las formas consensuadas de vivir nuestra sexualidad.

Pero naturalizar la sexualidad no significa sexualizarlo todo.

También debemos aprender que un cuerpo desnudo puede ser simplemente un cuerpo desnudo.

Puede estar nadando.

Puede estar tomando el sol.

Puede estar paseando.

Puede estar conversando.

Puede estar descansando.

Puede ser joven, mayor, delgado, gordo, operado, marcado por el tiempo o completamente diferente de los cuerpos que solemos ver en la publicidad.

No todo cuerpo existe para ser deseado, evaluado o consumido por la mirada de otra persona.

A veces, un cuerpo simplemente está viviendo.

Naturismo, nudismo, cruising y espacios swinger no son lo mismo

Esta diferencia la explico muchas veces en mis sesiones.

Una cosa es ser nudista  naturista y otra ser nudista swinger. Y otra cosa es practicar cruising.

Una persona naturista busca la comodidad de estar desnuda, el contacto con la naturaleza, la aceptación de su cuerpo y una forma de convivencia en la que la desnudez se vuelve la norma.

Una persona swinger acude a determinados espacios con una intención sexual o erótica compartida. Eso no significa que esté obligada a hacer nada, porque el consentimiento sigue siendo necesario, pero existe un contexto sexual conocido por quienes están allí.

El cruising también tiene una intención sexual y suele realizarse en determinados lugares o zonas reconocidas para ello.

No tengo ningún problema con que existan espacios sexuales. Al contrario: creo que es mejor que existan lugares claros, respetuosos y seguros para que las personas puedan vivir sus deseos.

El problema surge cuando un espacio naturista termina convertido, sin acuerdo ni límites, en un espacio sexual.

Porque entonces las personas que solo quieren practicar naturismo empiezan a marcharse.

Tener una sexualidad abierta no significa estar siempre disponible

Esta confusión ocurre constantemente.

Parece que una persona bisexual quiere mantener relaciones con todo el mundo.

Que una pareja abierta está disponible en cualquier momento.

Que un hombre gay desnudo busca sexo.

Que una mujer que se desnuda está provocando.

Que una persona swinger quiere jugar con cualquiera que se acerque.

Y nada de eso es cierto.

Yo puedo hablar abiertamente de sexo, trabajar con la sexualidad y vivir mi cuerpo con libertad, pero eso no significa que quiera una interacción sexual en cualquier momento ni con cualquier persona.

El contexto importa.

El momento importa.

La intención importa.

Y, sobre todo, el consentimiento importa.

Una persona puede ir un día a un club swinger en busca de una experiencia sexual y, al día siguiente, ir a un lago naturista solo para nadar desnuda.

No existe ninguna contradicción.

La libertad sexual también incluye el derecho a no sexualizar una situación.

Hace veinte años encontraba otro ambiente

Cuando empecé a practicar naturismo hace más de veinte años, alrededor del año 2000, encontraba espacios que eran principalmente naturistas.

Podía aparecer una atracción o surgir un ligue, igual que puede ocurrir en una playa textil, en una discoteca, en un gimnasio o en cualquier otro lugar. Pero esa no era la finalidad principal.

Había mujeres, parejas, familias, grupos de amigos y personas de diferentes edades.

Se iba a tomar el sol, a bañarse, a hablar, a leer, a caminar o a pasar el día.

Ahora siento que en determinados lugares se han introducido códigos sexuales que terminan desplazando a quienes no quieren participar en ellos.

Muchas personas dejan de ir porque no se sienten cómodas. No vuelven solas, cambian de zona, se ponen el bañador, evitan determinados caminos o se marchan cuando empiezan las miradas y las rondas.

No es mi caso. A mí me da bastante igual, sé desconectar, meterme en mi burbuja y seguir disfrutando de mi día. Pero no todo el mundo tiene esa facilidad, ni debería necesitarla para practicar naturismo en paz.

A muchas otras personas sí les incomoda, les corta la experiencia y termina por hacer que no vuelvan.

Y, poco a poco, el espacio deja de ser diverso. Al final quedan principalmente quienes aceptan o buscan esa dinámica, y entonces se utiliza esa realidad para afirmar que el naturismo es sexual.

Es un círculo absurdo: se sexualiza un espacio naturista, se marchan quienes no quieren sexo y después se dice que allí solo acuden personas en busca de sexo.

Cada vez veo menos mujeres naturistas

Desde hace años tengo la sensación de que en algunos espacios naturistas hay menos mujeres.

No creo que sea porque las mujeres no disfrutemos de la desnudez. Muchas dejan de acudir porque no quieren sentirse observadas, perseguidas ni interpretadas.

Durante mucho tiempo pensé que esta incomodidad era algo que sentíamos principalmente las mujeres ante ciertos comportamientos masculinos.

Por eso me llamó la atención escuchar a mis amigos gays diciendo lo mismo: que ya no se sentían respetados y que evitaban determinados espacios porque no querían estar sometidos a una mirada sexual constante.

El problema, por tanto, no es ser gay, heterosexual, bisexual o swinger.

El problema es no respetar la finalidad del espacio ni los límites de los demás.

También es cierto que, culturalmente, muchos hombres han sido educados para mirar, perseguir y tomar la iniciativa sexual, mientras que muchas mujeres de mi generación no fuimos educadas de la misma manera.

No sé cuánto corresponde a la educación y cuánto a otros factores, pero existe una diferencia evidente en la manera en que muchas personas hemos aprendido a relacionarnos con el deseo.

Tal vez las nuevas generaciones lo vivan de otra manera. Ya lo veremos.

Pero actualmente muchas mujeres entran en un lugar y primero comprueban si estamos seguras, si alguien nos mira demasiado, si nos sigue o si interpreta nuestra presencia como una disponibilidad sexual.

Esto también ocurre en los espacios naturistas y acaba alejándonos de ellos.

El nudismo en la naturaleza debería ser algo normal

Tenemos que dejar de pensar que solo se puede estar desnudo en una zona cerrada, escondida o exclusivamente señalizada.

En numerosos lugares de Europa, el naturismo forma parte de la vida social y existen playas, lagos, parques, campings, saunas y zonas de baño donde la desnudez se vive con mucha mayor normalidad.

Eso no significa que exista una norma única de la Unión Europea que permita desnudarse sin condiciones en cualquier lugar. La legislación concreta puede variar según el país, el municipio y las normas de cada espacio.

Pero sí podemos defender una visión europea basada en la libertad personal, la convivencia y el respeto.

En España todavía existe mucha confusión. Hay personas que creen que estar desnudo es ilegal en cualquier espacio que no tenga un cartel que diga “playa nudista”. Otras relacionan de inmediato la desnudez con el exhibicionismo o con el sexo.

Sin embargo, practicar nudismo y adoptar una conducta sexual o exhibicionista no son lo mismo.

Una persona que se baña desnuda, toma el sol o pasea tranquilamente no está realizando una actividad sexual por el mero hecho de no llevar ropa.

Tenemos que aprender a diferenciar los comportamientos.

El naturismo también es una filosofía

Para mí, el naturismo no consiste solo en quitarse el bañador.

Tiene que ver con la manera en que nos relacionamos con nuestro cuerpo, con la naturaleza y con los demás.

La ropa puede protegernos, abrigarnos y permitirnos expresarnos. Pero también se utiliza para clasificarnos.

Con la ropa mostramos marcas, dinero, profesiones, estatus, gustos y pertenencia a determinados grupos.

En un espacio naturista, durante unas horas, desaparece una parte de esa información. Seguimos siendo diferentes, por supuesto, pero ya no podemos clasificarnos tan rápido por lo que llevamos puesto.

También deberíamos hablar del consumo.

Compramos mucha más ropa de la que necesitamos. La moda rápida genera contaminación, emisiones de transporte, residuos y condiciones laborales cuestionables.

No estoy diciendo que debamos dejar de vestirnos ni que el nudismo vaya a resolver todos los problemas ambientales.

Lo que digo es que el naturismo nos ayuda a preguntarnos cuánto realmente necesitamos.

Vivimos en una sociedad que nos empuja a consumir constantemente: más ropa, más comida, más objetos y más estímulos.

Estamos adoptando modelos de consumo excesivo que vemos en otros países, especialmente en Estados Unidos. Basta con observar algunos programas sobre obesidad extrema o acumulación para comprender hasta dónde puede llegar una sociedad que convierte el consumo en la respuesta a todo.

Por suerte, también empezamos a corregir algunas cosas y a ser más conscientes.

El naturismo nos recuerda algo sencillo: para disfrutar del sol, del agua y de nuestro cuerpo necesitamos bastante menos de lo que creemos.

No expulsemos del naturismo a las familias y a las mujeres

Cuando un lugar naturista empieza a asociarse con miradas insistentes, persecuciones, masturbación visible o propuestas sexuales no deseadas, muchas personas dejan de acudir.

Se marchan las mujeres solas.

Se marchan algunas parejas.

Se marchan las familias.

Se marchan las personas que empiezan a practicar el naturismo.

Y también se marchan hombres gays que no desean participar en el cruising.

Después nos preguntamos por qué cuesta tanto extender el naturismo.

No podemos fomentar la desnudez libre y respetuosa mientras permitimos que determinados comportamientos conviertan esos lugares en espacios incómodos para la mayoría.

Quienes quieran mantener relaciones sexuales deben buscar un lugar adecuado, discreto y consensuado.

La sexualidad no es mala.

El cruising no es malo cuando se practica entre adultos, con respeto y en espacios donde no se invade a quienes no desean participar.

El movimiento swinger tampoco es malo.

Lo que está mal es apropiarse de un espacio compartido y obligar al resto a convivir con una intención sexual que no ha elegido.

Hagamos del nudismo algo cotidiano

Me gustaría que ir desnudos a una playa, un río o un lago dejara de parecer una extravagancia.

Que una mujer pudiera ir sola sin sentirse observada.

Que una familia pudiera compartir el espacio sin miedo.

Que un hombre gay pudiera tumbarse desnudo sin que otros hombres interpretaran que está buscando sexo.

Que una persona mayor no tenga vergüenza de su cuerpo.

Que nadie tuviera que esconder cicatrices, kilos, arrugas ni diferencias.

También me gustaría que pudiéramos hablar de la sexualidad con libertad y sin moralismos.

Las dos cosas son compatibles.

Podemos naturalizar el sexo y, al mismo tiempo, dejar de sexualizar todos los cuerpos.

Podemos defender los espacios swinger y exigir el respeto a los espacios naturistas.

Podemos sentir deseo sin comportarnos de manera invasiva.

Podemos mirar sin perseguir.

Podemos aceptar un rechazo sin enfadarnos.

Y podemos comprender que una persona desnuda no está dando permiso para que la miren, la sigan o la traten como una invitación sexual.

Naturalicemos el nudismo sin convertirlo en sexo

Quiero fomentar el nudismo y el naturismo porque creo que pueden ayudarnos a vivir con más libertad, menos vergüenza y una relación más realista con nuestros cuerpos.

Quiero que haya más mujeres, más familias, más jóvenes, más personas mayores y más diversidad en estos espacios.

Pero para conseguirlo debemos cuidar el ambiente que estamos creando.

Naturalicemos el nudismo en nuestras playas, ríos y lagos. Naturalicemos los cuerpos. Naturalicemos también la sexualidad, pero aprendamos de una vez a no confundir todo.

El naturismo no necesita esconderse.

La sexualidad no necesita avergonzarnos.

Y el respeto es lo que permite que ambas cosas existan en libertad.

 

 

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