Sexófilo es el término que utiliza el sexólogo Iv Psalti para referirse a una persona interesada en el sexo y que disfruta de su sexualidad.
Sexófobo, pese a lo que puede sugerir la palabra, no significa necesariamente que alguien odie o tema el sexo. Psalti utiliza el término para referirse, fundamentalmente, a quien muestra poco o ningún interés en mantener una vida sexual activa.
Y entre ambos sitúa a los “intermitentes del sexo”: personas cuyo interés por la sexualidad puede aparecer, desaparecer o cambiar según el momento de su vida.
Yo no conocía ninguno de estos términos.
Los descubrí hace unos días, como hago habitualmente, escuchando uno de los podcasts de Brigitte Lahaie en Sud Radio. El programa era en francés y estaban hablando precisamente de qué sucede cuando un sexófilo se encuentra con un sexófobo.
Como no conocía esas palabras y, al escucharlas en francés, no conseguía entender por completo todo lo que explicaban, quise averiguar exactamente qué significaban.
Y cuando lo entendí, el tema me pareció súper curioso.
Pero además me hizo pensar inmediatamente en algo relacionado con mi propia sexualidad y con lo que llevo muchos años observando en mi trabajo:
¿Qué te guste mucho el sexo significa necesariamente que conoces el placer?
Para mí, no.
Y todavía me surgió una pregunta más personal:
¿Qué ocurre cuando te interesa cada vez menos el sexo, pero cada vez más el placer?
Porque eso es exactamente lo que me ocurre a mí.
Sexófilos, sexófobos e intermitentes del sexo
Iv Psalti lleva utilizando estos conceptos desde hace años.
En su artículo La Sexualité Positive : un outil pour atteindre la compétence sexuelle, publicado en 2016 en la revista Sexualités Humaines, desarrolla su concepto de sexualidad positiva y utiliza dicha clasificación.
Por un lado, estarían las personas a las que les gusta el sexo, llamadas sexófilas.
En el otro extremo estarían las personas que tienen poco o ningún interés por él, los sexófobos.
Y entre ambos grupos coloca a los intermitentes del sexo.
Lo interesante es que el propio Psalti advierte que estas categorías no son compartimentos cerrados. Nuestra relación con la sexualidad puede cambiar y una misma persona puede desplazarse entre diferentes grados de sexofilia a lo largo de su vida.
Puedes consultar aquí el artículo original de Iv Psalti sobre la sexualidad positiva.
Entonces, ¿Qué es ser sexófilo?
Ser sexófilo no significa simplemente follar mucho.
Esta distinción me parece importante.
La sexofilia tiene que ver con el lugar que ocupa la sexualidad en nuestra vida: el interés por ella, el deseo, las fantasías, la masturbación, las relaciones sexuales y la posibilidad de obtener placer a partir de nuestra sexualidad.
Psalti desarrolla esta idea dentro de lo que denomina sexualidad positiva, cuyo objetivo está relacionado con el bienestar sexual y con aprender a dar, recibir y obtener placer.
Y esta parte de su planteamiento me interesa especialmente porque coincide con algo que llevo años observando: tener sexo no significa automáticamente aprender sobre sexo.
Podemos acumular experiencias durante años y seguir repitiendo prácticamente lo mismo.
¿Y qué significa ser sexófobo?
Aquí quiero detenerme un momento porque la propia palabra puede generar confusión.
Al escuchar “sexófobo”, podemos imaginar de inmediato a una persona que odia el sexo, que le tiene miedo, que lo considera inmoral o que siente aversión por él.
Pero no es exactamente así como utiliza el término «Psalti».
En su planteamiento, una persona sexófoba es, fundamentalmente, alguien con poco o ningún interés en llevar una vida sexual.
Y eso también debe respetarse.
Una persona puede descubrir que la sexualidad simplemente no ocupa un lugar importante en su vida.
No estamos hablando de decidir quién está bien y quién está mal, ni de establecer que ser sexófilo sea mejor que ser sexófobo.
Estamos hablando de comprender qué relación mantiene cada persona con su propia sexualidad.
¿Qué ocurre cuando un sexófilo se encuentra con un sexófobo?
Precisamente este fue el tema del podcast que despertó mi curiosidad.
Brigitte Lahaie e Iv Psalti han hablado en diferentes ocasiones sobre sexofilia y sexofobia en Sud Radio, y en el programa que estaba escuchando planteaban qué ocurre cuando dos personas situadas en lugares muy diferentes respecto al sexo forman una pareja.
Una persona quiere sexo.
La otra no.
Una busca encuentros sexuales, contacto, deseo, exploración.
La otra puede vivir perfectamente sin ello.
Esto no significa necesariamente que una quiera más a la otra.
Tampoco significa que una sea sexualmente mejor que la otra.
Pero sí significa que existe una diferencia que no desaparece simplemente ignorándola.
Cuando esas diferencias no se abordan, una persona puede empezar a sentirse rechazada, mientras que la otra empieza a sentirse presionada.
Y, desde la presión o el rechazo, resulta muy difícil construir placer.
Puedes escuchar el programa de Brigitte Lahaie en Sud Radio.
Pero mientras investigaba me surgió otra pregunta
Hasta aquí podemos hablar de cuánto nos interesa el sexo.
Pero a mí me falta algo.
¿Dónde queda el placer?
Porque, después de todos estos años de experiencia, he llegado a separar cosas que durante mucho tiempo yo misma viví como si fueran una sola.
Primero conocí la sexualidad.
Después conocí el orgasmo.
Y mucho más tarde conocí lo que hoy llamaría el placer orgásmico.
No ha sido lo mismo.
Yo conocí el sexo antes que el orgasmo
Tuve mi primer orgasmo a los 27 años.
Por supuesto, antes de los 27 años ya conocía la sexualidad. Había tenido experiencias sexuales, pero una cosa era tener sexo y otra, muy diferente, descubrir lo que mi cuerpo era capaz de sentir.
Y tampoco puedo comparar aquel primer orgasmo con el placer que soy capaz de experimentar ahora.
Con los años he aprendido muchísimo más sobre mi cuerpo: cómo responde, cómo cambian las sensaciones, cómo prolongarlas, cómo controlarlas y cómo utilizar también los juguetes como herramientas para explorar y desarrollar mi propio placer.
Por eso, para mí, incluso el orgasmo y el placer orgásmico no significan exactamente lo mismo.
Conseguir un orgasmo es una cosa.
Conocer tu cuerpo, explorar las sensaciones, aprender cómo aumenta el placer, cómo mantenerlo, cómo jugar con él y descubrir hasta dónde puede llegar es otra muy distinta.
Y lo curioso es que, mientras mi conocimiento del placer ha ido aumentando, mi interés por el sexo ha ido disminuyendo.
Cada vez me interesa menos el sexo y más el placer
Esto puede parecer contradictorio dentro de una clasificación entre sexófilos y sexófobos.
Pero es exactamente como lo siento.
Cada día me interesa menos el sexo por el sexo.
Lo que realmente me interesa es el placer.
Dar placer.
Recibir placer.
Explorar el cuerpo.
Observar cómo responde.
Descubrir sensaciones.
Desarrollar el placer orgásmico.
Y disfrutar de todo ese proceso.
Entonces me hice una pregunta:
¿Dónde encaja una persona a la que cada vez le interesa menos el sexo, pero cada vez más el placer?
Porque si utilizáramos únicamente el interés por el sexo como referencia, quizá podríamos pensar que me estoy volviendo menos sexófila.
Y probablemente sea cierto.
Pero eso no significa que mi interés por el placer haya disminuido.
Ha ocurrido exactamente lo contrario.
Y entonces aparece otra palabra: placerofilia
Buscando cómo expresar esta diferencia aparece una palabra mucho menos conocida:
placerofilia.
Y la persona sería placerófila o placerófilo.
El sufijo -filia expresa afinidad, inclinación o atracción hacia algo, mientras que -filo/-fila se utiliza para denominar a la persona que siente esa inclinación.
Por tanto:
placerofilia → inclinación o especial interés por el placer.
placerófila/o → persona especialmente interesada en el placer.
Quiero dejar algo muy claro: placerofilia no es una categoría clínica ni un término establecido en la sexología, y no quiero presentarlo como tal.
Tampoco estoy hablando de una parafilia.
Es una palabra de uso coloquial que me resulta especialmente interesante porque permite poner nombre a algo que la división entre sexófilo y sexófobo no termina de explicar.
Y yo quiero darle aquí un significado un poco más concreto.
¿Qué entiendo yo por ser placerófila?
Para mí, ser placerófila no significa simplemente buscar sensaciones agradables constantemente.
Cuando hablo de placerofilia, me refiero al interés consciente por conocer, explorar, desarrollar, dar y recibir placer corporal, independientemente de cuánto sexo quieras practicar.
No se trata únicamente de buscar orgasmos.
Se trata de conocer el cuerpo.
De desarrollar sensibilidad.
De tener curiosidad.
De aprender a recibir.
De aprender a dar.
De observar.
De escuchar.
De experimentar.
Y de entender que el placer puede ser muchísimo más amplio que la mera realización de determinadas prácticas sexuales.
Por eso, si tuviera que definirme hoy, probablemente diría: soy más placerófila que sexófila.
Me interesa mucho más el placer que el sexo por sí mismo.
Y esta diferencia me parece importante.
Puedes ser muy sexófilo y conocer muy poco tu placer
Una persona puede ser enormemente sexófila.
Puede llevar veinte o treinta años manteniendo relaciones sexuales.
Puede haber tenido decenas de parejas.
Puede masturbarse habitualmente.
Puede tener muchas fantasías.
Puede probar juguetes.
Puede conocer multitud de prácticas.
Puede hablar de sexo sin pudor.
Y aun así conoce sorprendentemente poco su propio cuerpo o el de las personas con las que comparte sexualidad.
Porque acumular experiencias no es necesariamente lo mismo que aprender de ellas.
Esta diferencia es fundamental para mi manera de entender el Sex Coaching.
No me interesa contabilizar cuánta actividad sexual has tenido.
Me interesa saber qué has aprendido sobre tu cuerpo durante todo ese tiempo.
Tener interés por el sexo no es lo mismo que tener interés por el placer
Aquí creo que podemos empezar a separar varias cosas.
Interés por el sexo.
Deseo sexual.
Capacidad para experimentar placer.
Conocimiento del propio cuerpo.
Capacidad para dar placer.
Orgasmo.
Placer orgásmico.
Están relacionadas, por supuesto.
Pero no son exactamente lo mismo.
Puedes tener mucho interés en el sexo y poco conocimiento sobre tu propio placer.
Puedes tener poco interés en mantener relaciones sexuales y disfrutar enormemente del placer corporal.
Puedes alcanzar orgasmos y conocer aún muy poco sobre las posibilidades de tu cuerpo.
Y puedes haber tenido muchísima experiencia sexual sin haber aprendido necesariamente a interpretar el placer de la persona que tienes delante.
¿Conoces realmente tu cuerpo?
Esta es una pregunta bastante más difícil que “¿Te gusta el sexo?”.
¿Sabes exactamente qué tipo de contacto te produce placer?
¿Reconoces cómo cambia tu excitación?
¿Sabes comunicar lo que deseas sin esperar que la otra persona lo adivine?
¿Conoces las diferencias entre excitación, deseo, placer y orgasmo?
¿Experimentas o repites?
¿Observas las respuestas del cuerpo que tienes delante?
¿Cambias lo que estás haciendo cuando esas respuestas cambian?
Porque ningún cuerpo viene con un manual de instrucciones.
Lo que funcionó maravillosamente con una persona puede no funcionar con otra.
Incluso lo que ayer te apeteció puede no apetecerte hoy.
Por eso considero que la curiosidad es una de las herramientas más importantes de nuestra sexualidad.
Ya hablo precisamente de este proceso de autoconocimiento en «Las 7 etapas para conocer tu sexualidad y disfrutar más del placer».
Saber muchas prácticas sexuales tampoco significa saber dar placer
Vivimos en una época en la que tenemos acceso a una enorme cantidad de información sobre el sexo.
Conocemos nombres de prácticas, posiciones, juguetes y fantasías que generaciones anteriores probablemente ni siquiera habían escuchado.
Pero contar con información no significa tener conocimiento práctico.
Puedes conocer cien prácticas sexuales y no saber interpretar una respiración.
Puedes haber visto miles de imágenes sexuales y no saber cómo tocar un cuerpo.
Puedes conocer perfectamente una técnica y no darte cuenta de que la persona que tienes delante no está disfrutando.
Para mí, aprender sexualidad empieza precisamente cuando dejamos de intentar demostrar lo que sabemos y empezamos a prestar atención a lo que está ocurriendo realmente.
Tener un orgasmo tampoco significa conocer el placer
Esta diferencia es especialmente importante para mí, precisamente por mi propia experiencia.
Yo sé lo que es pasar de no conocer el orgasmo a descubrirlo.
Pero también sé lo que es pasar de conocer el orgasmo a conocer muchísimo mejor mi placer.
Y no es lo mismo.
Por eso no considero el orgasmo simplemente una meta que hay que alcanzar.
Me interesa todo lo que ocurre a mi alrededor.
El camino.
Las sensaciones.
La intensidad.
El conocimiento corporal.
El control.
La capacidad de abandonarse.
La exploración.
Y las posibilidades que vamos descubriendo cuando dejamos de pensar únicamente en “llegar”.
Por eso hablo del placer orgásmico y no únicamente del orgasmo.
No existe una única manera correcta de vivir la sexualidad
Tampoco quiero convertir la sexofilia —ni ahora la placerofilia— en un objetivo obligatorio.
No creo que todas las personas tengan que querer más sexo.
Ni que hubiera que practicar más.
Ni experimentar más.
Ni tener orgasmos constantemente.
Ni buscar el placer de una manera determinada.
Ni cumplir con ningún modelo de supuesta libertad sexual.
Para mí, la libertad sexual también significa poder no querer. Poder decir sí. Poder decir no. Poder cambiar de opinión. Poder descubrir algo nuevo. Y poder reconocer que algo que creíamos que tenía que gustarnos, en realidad, no nos gusta.
Nadie tiene que convertirse en sexófilo. Y tampoco nadie tiene que convertirse en placerófilo.
¿Y si alguien no está interesado ni en el sexo ni en el placer?
También puede ocurrir.
No quiero caer precisamente en el error contrario y pensar: “Si conociera realmente el placer, seguro que le gustaría”.
No necesariamente. Cada persona vive su cuerpo y su sexualidad de manera diferente.
Hay personas para quienes el sexo ocupa un lugar central y otras para quienes prácticamente no tiene importancia.
Y también puede haber personas que no tengan especial interés en explorar el placer sexual o corporal.
Eso no significa automáticamente que tengan un problema ni que necesiten que alguien les enseñe lo que supuestamente se están perdiendo.
El conocimiento del placer tiene sentido cuando existe curiosidad o deseo de conocerlo.
¿Podemos cambiar nuestra relación con el sexo y el placer?
Una de las cosas que más me gustan del planteamiento de Psalti es que no presenta sus categorías como identidades inamovibles.
Nuestra sexualidad cambia. Nuestro cuerpo cambia. Nuestras relaciones cambian. El deseo cambia. Y nuestra relación con el placer también puede cambiar.
Mi propia experiencia es un ejemplo.
No vivo hoy la sexualidad como la vivía antes de tener mi primer orgasmo. Y tampoco vivo hoy el placer como lo vivía cuando descubrí aquel primer orgasmo a los 27 años.
He seguido aprendiendo. Y espero seguir haciéndolo.
Podemos aprender a comunicarnos. Podemos conocer mejor nuestro cuerpo. Podemos abandonar ideas que ya no nos sirven. Podemos descubrir nuevos placeres. Podemos aprender a recibir. Y podemos aprender a escuchar mucho mejor el cuerpo de la persona que tenemos delante.
En SexCoachOnline trabajo precisamente desde ese lugar: educación sexual práctica, conocimiento corporal, comunicación y placer, no desde la idea de imponer cómo debería ser la sexualidad de nadie.
Si quieres trabajar tu sexualidad de manera individual o en pareja, puedes conocer mis opciones de Sex Coaching Online para parejas, consultar la formación personalizada en educación sexual y bienestar íntimo o descubrir mis talleres online de sexualidad y placer.
Entonces, ¿eres sexófilo, sexófobo… o quizá placerófilo?
Quizá, después de leer esto, tengas bastante claro dónde te situarías en la clasificación de Iv Psalti.
Quizá seas sexófilo. Quizá sexófobo. Quizá uno de esos intermitentes del sexo. O quizá, como me ocurre a mí, descubras que esa clasificación te provoca otra pregunta.
¿Cuánto me interesa el sexo y cuánto me interesa realmente el placer?
¿Conozco mi cuerpo? ¿Conozco mi placer? ¿Sé recibirlo? ¿Sé darlo? ¿Sigo teniendo curiosidad? ¿Sé comunicar lo que deseo? ¿Sé escuchar el placer de la persona que tengo delante? ¿He aprendido de todas mis experiencias sexuales o simplemente las he acumulado?
Porque podemos pasar toda una vida teniendo sexo sin hacernos ninguna de estas preguntas.
Y para mí ahí está una de las grandes diferencias entre tener experiencias sexuales y aprender de nuestra sexualidad.
Yo conocí primero la sexualidad. Después conocí el orgasmo. Y después descubrí todo un mundo alrededor del placer.
Quizá por eso hoy puedo decir algo que hace años probablemente no habría entendido: cada vez me interesa menos el sexo por el sexo y cada vez más el placer.
Y si tengo que ponerle un nombre: soy placerófila.



