Ayer, 7 de junio, acudí a la piscina del Lago con motivo del Día Internacional del Naturismo, una jornada que, en teoría, pretende promover el respeto hacia la desnudez natural y dar visibilidad al movimiento naturista.
Sin embargo, la realidad fue muy distinta de lo que esperaba. La inmensa mayoría de las personas presentes estaban vestidas. Los naturistas éramos una minoría muy reducida y, dentro de esa minoría, las mujeres representábamos una proporción aún menor.
Esta situación me lleva a plantear una reflexión importante: ¿qué sentido tiene celebrar un Día Internacional del Naturismo si la práctica naturista queda relegada a una pequeña minoría rodeada de personas vestidas?
Durante la mayor parte del año, los espacios recreativos aplican normas de vestimenta. Los naturistas aceptamos esa realidad, aunque no siempre compartamos la filosofía que la sustenta. Sin embargo, cuando llega una jornada dedicada específicamente a celebrar y promover el naturismo, resulta lógico que el protagonismo recaiga precisamente en esa práctica.
Cuando un espacio es mayoritariamente naturista, la desnudez se normaliza. Nadie destaca. Nadie se siente observado. La experiencia resulta cómoda, respetuosa e igualitaria. Pero cuando el 90% o más de los asistentes permanecen vestidos y solo una minoría estámos desnudos, la situación cambia radicalmente. La desnudez deja de percibirse como algo natural y pasa a ser una excepción visible.
Esta circunstancia afecta especialmente a las mujeres. Muchas ya enfrentan barreras sociales y culturales para iniciarse en el naturismo. Si además perciben que serán una pequeña minoría desnuda entre una gran mayoría vestida, es comprensible que decidan no participar. El resultado es exactamente el contrario de lo que debería perseguir una jornada de promoción del naturismo.
Por ello considero que los organizadores de este tipo de eventos deberían reflexionar sobre el formato. Si existe un día dedicado específicamente al naturismo, sería razonable que el espacio estuviera reservado exclusivamente para quienes deseen participar en condiciones naturistas. No se trata de excluir a nadie, sino de garantizar que la actividad cumpla con su objetivo: normalizar la desnudez, fomentar la igualdad entre los participantes y ofrecer una experiencia cómoda a quienes practican el naturismo.
Los espacios textiles ya existen durante el resto del año. Precisamente por eso, el Día Internacional del Naturismo debería constituir una excepción que permita vivir plenamente los valores naturistas de respeto, igualdad, libertad corporal y convivencia.
Si queremos promover el naturismo, debemos crear entornos en los que las personas se sientan integradas, no observadas.



