A veces no hace falta irse lejos para sentir otro clima.
Madrid, entre su luz intensa, su calor y esos rincones donde el tiempo parece detenerse, también puede despertar sensaciones que recuerdan a lo tropical: esa mezcla de libertad, piel, intensidad y presencia.
En estas fotos quise dejarme llevar por esa energía.
Sentirme, habitar mi cuerpo, jugar con la luz y con el calor, dejando que el verano transformara no solo la ciudad, sino también mi forma de sentirme.
Porque a veces lo tropical no está en un lugar.
Está en una actitud, en una mirada, en la forma de entregarte al momento.
Y ese día, Madrid se sintió exactamente así.



