¿Quién no está a la altura aquí?

Me contacta un cliente en Zúrich, de lengua francesa, que se describe como un hombre de 52 años, de negocios, con muy buena reputación en hacer negocios, bla bla bla…, y me demanda:

“Yo quiero una… quiero una puta, una guarra , una zorra, en terminos franceses. Que te voy a hacer vibrar, te voy a sacar un orgasmo del que vas a flipar.»

Me mandó como siete audidos recalcandome como 10 veces que tengo que ser muy puta y muy guarra, por si acaso no me quedaba claro.

¿Perdona? ¿De verdad tengo que escuchar ese tipo de términos de alguien a quien no conozco solo porque soy trabajadora sexual?

Usamos unos términos que, según cómo se digan y por quién, molestan. Y ahí es donde se ve el respeto. El respeto entre las personas seas del color que sea, la religión que seas y el dinero que tengas.

Cuando algo empieza a molestar, no lo repitas mil veces que por eso, no voy  a ser mas puta y voy aceptarlo porque tienes dinero y me vas a pagar mucho dinero.

Esa persona quiere comprarte tu integridad, no tus servicios. Y le da igual lo que tú pienses; lo importante es él.

Empieza con cifras: 75.000 euros, 15 días fuera, camping nudista de lujo en Córcega. Como si eso tuviera que impresionarme.
Como si eso fuera lo importante. Y cuando no le sigo el rollo, cuando no entro en su fantasía, cuando ve que no me vendo, entonces me manda un audio rabioso diciendo que no estoy a la altura. Que siga con clientes de 200 o 300 euros. Que él es de otro nivel.

Y aquí es donde yo me pregunto: ¿Quién no está a la altura realmente?

Porque para mí, lo que menos me atrae de un cliente… es el dinero. El dinero no me excita. El dinero no me genera curiosidad. El dinero no me hace desear a nadie.

Si para ti lo más importante es el dinero, perfecto. Busca a una mujer para quien eso sea lo más importante. Pero no vengas a decirme que no estoy a la altura. Porque, para estar a la altura de una mujer como yo, no hace falta dinero. Hace falta: respeto, saber estar, saber hablar, saber relacionarse y, sobre todo, tener inteligencia emocional.

Y eso… no se compra; va con la persona.

No necesito a nadie que me pague unas vacaciones nudistas, Madre mía… Menudo calvario sería pasar 15 días con este personaje. No quiero ni imaginármelo, por muchos 75.000 € que diga que paga.

Yo no soy una mujer que se pueda comprar con dinero. Y las pruebas están ahí: en 15 años de profesión, no tengo ni un regalo de un cliente que supere los 100€. Por algo será.

Puede que alguien piense que mis clientes no son de ese nivel. Pero no. Es que nunca he aguantado a un fanfarrón ni he sacado dinero de la pena. Yo me pago lo mío. Y quien tiene dinero de verdad no necesita demostrarlo conmigo.

Yo no soy una puta ni no soy la puta de nadie.  Soy trabajadora sexual a la que le encanta dar y recibir orgasmos. Lo demás estaba en su imaginación.

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