“Ma”: la técnica japonesa de la pausa… y lo que me ha hecho ver en mi vida.

El otro día me apareció en Instagram un vídeo que hablaba de una técnica japonesa llamada “Ma”, y aunque no era nada complejo ni especialmente nuevo, hubo algo en la forma de explicarlo que me hizo parar y pensar más de lo habitual, como ese momento en el que algo encaja sin hacer ruido pero se queda dentro.

El concepto es sencillo, pero a la vez muy poco presente en cómo nos relacionamos aquí: se trata de crear un espacio antes de reaccionar, de no hablar automáticamente cuando algo se activa dentro de ti, de no responder desde el impulso como hacemos casi siempre sin darnos cuenta.

Y mientras lo veía, no lo estaba pensando desde la teoría ni desde lo profesional, sino desde mi propia vida, pero justo ahora llevo unos días sin hablarme con Palo, una buena amiga, y no ha pasado nada grave ni dramático, simplemente no pensamos igual en algo y cada una se ha quedado en su postura, pero lo que sí veo es que no hubo ese espacio, no hubo ese momento de parar antes de reaccionar, y cuando eso no existe, aunque no haya un gran conflicto, se crea distancia.

También me vino a la cabeza lo de Sergi, mi amigo de Castelldefels. Que en su momento estaba encendida, pero si lo miro ahora con más perspectiva, veo claramente que faltó comunicación y, sobre todo, faltó pausa: faltó ese momento de bajar antes de seguir hablando, porque muchas veces no es lo que ocurre, sino lo que decides responder, lo que cambia todo.

Y lo mismo me ha pasado con otras parejas y amigos; al final no es algo puntual ni aislado, es un patrón que se repite en distintas relaciones y en distintos momentos de mi vida, y aunque es verdad que en estos últimos meses, con todo lo que he aprendido del coaching, he cambiado bastante mi forma de comunicarme, también veo que hay cosas que siguen siendo automáticas, sobre todo cuando algo me toca o me activa.

Porque esa es otra: cuando estamos activados, creemos que estamos comunicando, pero en realidad estamos reaccionando, y desde ahí es muy difícil que el otro reciba lo que queremos decir de la forma en la que nos gustaría, porque nuestro tono, nuestra energía y nuestra intención ya no están en conectar, sino en defender.

Y ahí es donde este concepto japonés me ha hecho ese “ajá”, no porque sea algo mágico ni revolucionario, sino por algo muy básico que aquí hacemos bastante mal: no saber parar.

Aquí  en España, interrumpimos, hablamos por encima, queremos decir lo nuestro antes de que el otro termine, necesitamos ser escuchados en ese mismo momento, necesitamos tener razón o al menos dejar clara nuestra versión, y todo eso lo hacemos sin darnos cuenta de que estamos llenando el espacio con malas formas.

El otro día lo vi clarísimo estando con tres amigos en Getafe, todos más o menos de la misma edad, y la conversación era un continuo de interrupciones, de frases que se solapaban, de ganas de hablar sin terminar de escuchar, y en ese momento pensé que esto es completamente normal para nosotros, que ni siquiera lo cuestionamos.

Pero cuando lo miras desde fuera, no es comunicación, es ruido.

Y de ese ruido luego salen malentendidos, pequeñas tensiones, distancias que no sabes muy bien de dónde vienen, pero que se van acumulando.

Lo curioso es que esto no es algo que no haya escuchado antes; mi formación en coaching es lo que me ha enseñado y me está enseñando: a callarme, a escuchar, a dejar espacio.  Pero una cosa es que te lo digan y otra es hacerlo. Te sale automático. Porque un hábito de tantos años lleva su tiempo para cambiarlo. No es por arte de magia: ya te han explicado la teoría; lo vas a hacer.

Por lo visto, en Japón esto lo aprenden desde pequeños; no es una técnica que descubren de adultos, sino algo que tienen integrado en su forma de relacionarse, y aquí pasa justo lo contrario: lo automático es reaccionar, interrumpir, responder sin filtrar.

Y todo esto me ha hecho replantearme algo muy simple, pero que creo que cambia mucho más de lo que parece: que no siempre tenemos que ser escuchados en ese momento, que no siempre tenemos que tener razón, que no siempre hay que decir lo que pensamos justo cuando lo sentimos.

A veces, lo más inteligente no es hablar, sino callarse.

Y, viendo lo que me ha pasado estos días, tengo bastante claro que muchas cosas no se rompen por lo que ocurre, sino por cómo reaccionamos en el momento en que ocurre.

Y no sé si las cosas serían distintas, pero sí tengo la sensación de que, si hubiera habido un poco más de silencio, un poco más de pausa, quizá ahora estaría hablando con Paloma o con Sergi.

No lo sé con certeza, pero sí sé que esto me ha hecho pensar en las siguientes relaciones futuras.

Y a veces, con eso,puede empezar algo diferente.

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