Sexo. Placer. Y la suerte de haber llegado aquí.

Durante años escribí para desahogarme. Para vaciar. Para entenderme. Ahora escribo para celebrar. Porque últimamente me lo paso muy bien en mis sesiones. ¡Pero qué muy bien!

Y no hablo solo de trabajo, hablo de disfrute real, de orgasmos que llegan sin prisas, de clientes que te dejan llevar porque confían en mi experiencia, de clientes que han aprendido algo tan simple y tan revolucionario como esto: no a todas nos gusta igual. Que hay mujeres a las que les gusta fuerte y rápido. Y hay mujeres a las que nos gusta suave, lento, despacito. Y que entender eso, sentirlo, ajustarse… cambia todo.

Cada vez me resulta más fácil que, desde la primera sesión, disfrutemos los dos. Sin guiones. Sin expectativas raras. Sin esa presión absurda de “toca hacer esto para que pase aquello”. No.

Presencia. Comunicación, Escucha. Puntos G’s. Ritmo.

Y pienso mucho en la educación sexual que no tuvimos. ¿Cómo? A los 10, 11, 12, 13, 14 años, nadie te explica nada. Estoy segura de que a esas edades sí te tocaban bien los pezones “podías ” correrte. Y muchas más cosas que no nos han dejado experimentar en la pubertad cuando estás a flor de piel.

Yo vengo de un lugar donde la sexualidad estaba enterrada.Tapada. Juzgada. Donde todavía hoy mi madre cree que monto un burdel y lo vive con indignación. Imagínate crecer ahí. Menos mal que salí del nicho familiar. Menos mal que me fui por muchos años y a una edad muy temprana. Menos mal que descubrí por mí misma el orgasmo, el placer, el cuerpo, el permiso.

Porque si me hubiera quedado cerca… no hubiera descubierto esta maravillosa profesión y menos aún haberla hecho a mi medida.

Que mi familia me quiera hacer creer que mi profesión no es válida y yo no soy válida, que sepan que yo ya me validé sola hace muchos años.

Antes era comercial. Ahora sigo siéndolo. Solo que ahora vendo el mejor producto del mundo: el placer orgásmico físico.

Orgasmos. Consciencia. Libertad corporal.

Y quien lo juzga… no me está juzgando a mí. Se está juzgando a sí mismo. Porque juzgar y criticar el placer, el orgasmo, la sexualidad solo demuestra que no tienen ni idea del mundo tan increíble que hay ahí. Yo sí. Y en mi escala personal, del uno al diez… esto está en el 10.

Me encanta mi trabajo. Me encanta disfrutarlo.Me encanta ganarme la vida como me la gano. ¡Me encanta! Y sobre todo, me encanta sentir que hago algo que tiene sentido para mí y para el mundo. Enseñar el orgasmo.

Soy una afortunada. Totalmente una afortunada.

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