Me amenazan constantemente con que me van a echar de casa y ahora por separado, y depende del día o me lo dice uno o me lo dice el otro. Y aquí estoy, por tercera vez en la misma situación, en la casa familiar, eso sí, ahora sola con mi madre.
Decidí apostar por mi madre e irme a vivir con ella a la casa familiar.
En noviembre decidimos mi madre y yo que nos íbamos a vivir juntas a la casa familiar. La casa se estaba vendiendo y antes de que se vendiera, decidí comprar la parte de mi padre con un acuerdo económico con él. Saqué todos los ahorros que tenía y se los di a mi padre. Le dije claramente: te doy todos mis ahorros y empiezo a pagarte en febrero una letra para comprar su parte de la casa. Yo hago mis cálculos y sé hasta dónde puedo llegar. Pues al mes siguiente, en diciembre, ya empezó a exigir mensualidades. Desde entonces no ha parado de reclamar su dinero de forma agresiva. Que si soy una morosa, que no cumplo mi palabra.
¿Pero quién es aquí el que no cumple lo acordado?
Menos mal que existe WhatsApp y queda todo por escrito, porque si no me tacha directamente de mentirosa. Que él se lo crea me da igual, pero lo que piense el resto del mundo sí me importa. Porque si algo no soy, es mentirosa ni de mala palabra. Que quiera crearme una reputación falsa es propio de una persona manipuladora y sin escrúpulos. Aun así, en diciembre le di algo y en enero le di otro algo. Cuando habíamos dicho claramente que empezaba en febrero.
He alquilado pisos, he hecho tratos económicos con muchísima gente y nunca me he encontrado con alguien tan agresivo y provocador como mi padre. Se comporta como un matón. Me amenaza, se me planta a menos de un metro y me dice: pégame, venga, pégame.
¿De verdad cree que a estas alturas de mi vida tengo que aguantar este tipo de situaciones? Personas que necesitan menospreciar a los demás para sentirse ellos alguien.
Necesita terapia porque llegar a esos puntos de agresividad verbal es dañino para quien los recibe. Yo no tengo por qué soportar ese tono, ese vocabulario ni esa agresividad. Tengo audios que, si alguien los escuchara, se le debería caer la cara de vergüenza. Y aun así, su respuesta es que a quien se le tiene que caer la cara de vergüenza es a mí, por ser una puta.
Pues no, puta no soy. Soy trabajadora sexual, y con mucha honra.
Utilizan la palabra puta de forma despectiva. Y claro, mi respuesta es: entonces tú eres un proxeneta, porque disfrutas de mi dinero!.
Todavía no entienden que mi trabajo es un trabajo decente, no un prostíbulo como ellos lo llaman.
Yo no tengo la culpa de que sean tan brutos e ignorantes para no verlo. Que lo superen.
Lo que no puedo aguantar son los insultos y los gritos constantes. No sé qué hacer. Me acusan los dos de que utilizo el dinero de mi madre . Curioso, cuando ellos dejaron la cuenta común a cero y desde que mi madre está conmigo, tiene dinero ahorrado en su cuenta. Pero tienen tanta cara que se creen su propia realidad. Que también mi madre está con demencia senil prematura de tantas pastillas que toma y no se acuerda de las cosas actuales, pero en vez de reconocerlo, lucha por recuperar su memoria, que es nula, y te mete en unos líos porque no se acuerda de nada.
Siento una impotencia brutal.
Y mi madre… mi madre es lo peor. Por ella he decidido hacer todo esto y cuando le da la gana, porque lucho por no ser su criada, se pone en mi contra, llama a mi padre, me pone verde y le provoca contando su versión. Que hasta alturas no entiendo a mi padre, tan inteligente que se cree que se base en la versión de mi madre cuando ha vivido con ella años y sabe que es una lianta y que cuenta las cosas maliciosamente.
Una relación de casi 55 años que ha terminado en separación de una forma dramática, por malos caracteres que tienen los dos. Necesitan una formación de crecimiento personal urgente, pero como son mayores, ya es: “¡A mí; no me cambias! Que es por cabezonería porque en mi academia de coaching hay personas de sus edades que han mejorado porque han querido mejorar sus vidas, sus caracteres, sus formas de comunicarse, etc.
Mi idea era viajar con mi madre, enseñarle el mundo. Pero a la primera de cambio me traiciona. Así que Tonta ya no soy. Que se apañe con las ayudas del Estado. Porque ni sus hijas ni su marido nos hacemos cargo de ella. Me da pena, sí, pero son años de chantaje emocional. Y mi cuerpo y mi mente dicen: basta.
Así no se puede vivir.
Esto me ha servido para entender por qué mi hermana se distanció de mis padres. No es que pasara de ellos, es que cuando te involucras, te destruyen.
Quería pasar los últimos años de mi madre con ella y empezar un nuevo proyecto en Torrejón de la Calzada, pero en estos momentos ese proyecto empieza a estar difuminado. Mi paz y mi tranquilidad son más importantes.
Este es un ejemplo claro de familias con padres tóxicos: hagas lo que hagas, nunca es suficiente. Te menosprecian, te desvalorizan, te reprochan y te amenazan. y encima mi padre descarga su ira en mí. Yo no me merezco eso.
Pero este es el resultado de un sistema de valores que pone el dinero por delante de la familia y la amistad. El dinero, algo inventado por el ser humano, que no necesitamos para sobrevivir como el agua. Yo lo veo ridículo, pero vamos, que el que da más importancia al dinero que a su propia hija, dice mucho de ellos.
Menos mal que tengo mi trabajo, que me encanta, que me evade y adoro a mis clientes. Y, sobre todo, adoro a los amigos que yo he elegido, que están ahí para cuidarme y protegerme cuando lo necesito.
Otra cosa que he descubierto: el amor incondicional de la madre no es el que mi madre tiene por mí. Le interesó vivir conmigo porque sola no puede permitírselo. Yo la veía como una amiga, pero sus intenciones eran otras. Hacerme su esclava e utilizarme económicamente, porque ella con su pensión no se puede permitir vivir en su casa. Yo me monté mi película.
En definitiva, no tengo buenos padres. No he tenido la suerte de tener padres que respeten mi decisión de ser trabajadora sexual. Es una pena que estén a años luz de mis valores. Me gustaría tener una relación sana con ellos y poder irnos juntos de vacaciones, juntarnos a comer mínimo una vez al mes, hacer cosas de familia, pero no, hemos llegado a un momento en que somos todos tan diferentes que mejor distanciados que juntos.
Y mi padre, mientras tanto, ha adoptado prácticamente a un nieto. Ayuda a una mujer con dos hijos, uno de ellos autista. Viven cada uno en su casa, pero él va casi todos los días a llevar y recoger al niño autista al colegio. Según ellos, no están liados. ¡Me cuesta creer que mi padre, como se comporta conmigo, esté haciéndose cargo de un niño autista que no es ni suyo a cambio de nada! Lo siento, pero me cuesta creérmelo. ¡Que a mí me da igual! Que haga su vida. Así se quita más de en medio de su propia familia. Un tóxico menos.
Cómo puede ser tan “buena persona” con una familia que acaba de conocer y tratarme a mí como una mierda, haciéndome creer que soy una mierda.¿Esto cómo se entiende?
Y sí, lo sé: mucho decir, pero ¿qué haces ahí todavía? Vete ya.
Los días tranquilos son muy tranquilos. Intentaré más tener esos días y si no lo consigo, claro que tomaré la decisión de marcharme y esta vez para siempre.


